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  • Ediciones Lastarria

Sobre «Diablofuerte», de José Luis Fermandois (I)

Actualizado: 11 feb 2021

Suplementero de más de 100 años vuelve con todo al barrio Mapocho


Publicado originalmente en 1905, el libro cuenta la historia de un canillita y avezado pícaro educado por la calle.


Publicada en 1905, en un tiempo en que la literatura social en Chile estaba despegando con la fuerza de los cuentos de Baldomero Lillo, la novela Diablofuerte (la historia de un suplementero) llegó a tener cierta resonancia durante algunas décadas, pero a la larga desapareció del mapa literario nacional, como si nunca hubiera sido escrita: en la actualidad, es prácticamente un fantasma bibliográfico. Algo parecido ocurrió con su autor, el presbítero José Luis Fermandois, que después de haberse hecho más o menos popular como escritor en la prensa, donde entre otras cosas dio a conocer en forma de folletín la primera versión de su novela, hizo mutis por el foro, dejando tan pocas huellas suyas que ahora no figura ni en Wikipedia. Pero ese olvido ha llegado a su fin, porque el libro acaba de resucitar en cuerpo y alma, felizmente reeditado por Ediciones Lastarria, y será presentado este jueves 26 de mayo, a las 19:30 horas, en la Sala Luisa Arce Rovedy de la Casa Central de la Universidad de Chile (entrada por Arturo Prat 23), en un acto que se adhiere a las celebraciones del Día Nacional del Suplementero. Abandonado en el tranvía. A medio camino entre la picaresca y el realismo social, Diablofuerte cuenta la historia de Daniel Farías, un canillita que, educado por la calle, termina viviendo un destino de avezado pillo en el barrio Mapocho. Su vida está marcada por la ciudad desde sus primeros días, al ser abandonado, poco después de nacer, en una garita de un terminal de carros de sangre en el barrio Matadero, luego de lo cual fue llevado a la Casa de Huérfanos de las Hermanas de la Providencia. Al cabo de ocho años, es sorpresivamente retirado de esa institución por su padre, que resulta ser un sinvergüenza de la peor calaña, por lo que el reencuentro familiar es en realidad un pasaje directo a la sobrevivencia callejera, tan llena de pellejerías como de aventuras. Cuadro de costumbres. Daniel, apodado Diablofuerte por la rústica y sebosa tela de sus únicos pantalones, comienza su carrera de suplementero y hábil pícaro asociándose con un amigo más experimentado, relación en la que luego el discípulo supera al maestro, pasando sus días entre la venta de diarios y la comisión de pequeños robos y engaños, hasta que se le presenta la oportunidad de vengarse de su padre, a quien culpa de la muerte de su madre: con un plan perfecto, logra que el desgraciado sea condenado a tres años y un día por una millonaria estafa al Fisco. A medida que sigue los trotes de Diablofuerte, la novela va pintando también un cuadro de costumbres del mundo urbano y popular del 1900, ya sea en el Mercado de Abastos, el río Mapocho o la plaza Yungay, registrando a cada página el habla de los pelusas y sus diferencias con la de los "jutres".

Niños del río Como bien lo anota la editorial, "Diablofuerte" es precursora en tratar el motivo de los niños criados a orillas del Mapocho, que medio siglo después tuvo su máxima expresión en la novela autobiográfica "El río", de Alfredo Gómez Morel. A diferencia de ésta, en la que el río es una entrada al hampa, donde los códigos éticos se aprenden a martillazos, la historia del suplementero muestra un mundo en que los pillos conservan cierta bondad intrínseca.


Leonardo Sanhueza

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